viernes, 7 de septiembre de 2012



¿QUIERES QUITARME LA ROPA?

Quitarme la ropa... ¿Quieres quitarme la ropa?
Dices que quieres verme desnudo. ¿Realmente es lo que deseas?
Adelante, hazlo. Quítala toda, si puedes.
Hazlo con tranquilidad, con la tranquilidad que te da el saber que eso de desnudarme, de desnudarte, es más fácil que mantenerte acá. Más elemental que mantener tu alma sólo acá, con migo, que sólo compartirme tu alma mientras yo te entrego gota a gota la mía.
No dejes una sola prenda sobre mi cuerpo, porque eso es más sencillo que decir NO cuando tu cuerpo, tus ganas, tu emoción, tu instinto se mueren por decir que SI.
Vamos! Demuéstrame toda la pasión, todo lo que al parecer te fascino, y despójame de lo que llevo puesto, esa misma pasión y la misma dulce fascinación que sientes al quitarle cualquier cosa a cualquier alguien que te encuentras en cualquier donde.
Dime que me amas mientras te desnudas y me desnudas, y piénsalo cada vez que te desnudas mientras desnudas a alguien más, ese alguien que también piensa que le amas, porque así se lo dices, porque eres capaz de repetirle esa miserable palabra a cualquiera que te da por amar cuando sientes aburrimiento de amarme a mí.
Pregúntame si me gustas tanto como yo te gusto a ti, pretendiendo que realmente me gustes porque sólo eres capaz de quitarme la ropa del cuerpo, pero se te queda muy lejos poder desnudarme el alma; pretendiéndolo aunque para ti sea más fácil entregarle tu cuerpo al primero que te dice que le gustas, aunque hayas sido tú la primera persona a quien entregué mi alma.
¿Aun quieres quitarme la ropa?
Adelante, hazlo. Quítala toda, si puedes. Porque es lo único que estoy convencido puedes hacer. Quítala toda, si puedes. Porque aunque sea lo único que sepas hacer, dudo bastante que lo hagas bien, sencillamente porque no lo haces con la dulzura y ese indudable sabor a ambrosía que da la exclusividad.
Quítala toda, si puedes. Igual, nunca quisiste verme realmente desnudo, igual no me gustas... ya no me gustas, sólo me atraes, como cualquiera a los que les atraes, como cualquiera de quienes me atraen a mí. Igual, también ya me aburrí de amarte a ti.


sábado, 1 de septiembre de 2012



CUÁNTA FALTA ME HACES


No sabes cuánta falta me haces...
El sonar del teléfono a media noche, oír tu voz, sentirte a mi lado sólo con recordar tu aroma... El recordar tu aroma con oír tu voz.  Traer a la memoria tus ojos, entender que no hay que traerlos a la memoria porque ahí ya se quedaron hace rato, y me miran y los miro cada vez que quiero.  
No logras imaginar cuánta falta me haces...
Sentir tus caricias en mi rostro, en mi cuerpo, tus dulces manos que al tocarme hablan sin pronunciar una sola palabra, pero dicen mucho más de lo que tu y yo somos capaces de decir al hablar, y que me hacen estallar en más de mil emociones por doquier. 
No entiendes cuánta falta me haces...!
Un simple pero magnífico beso, de esos que se dan al alma con el alma, de esos que tu alma le da a la mía y que mi alma le da a la tuya... Uno y muchos malditos besos como esos, de esos mismos de los que te acuerdas, de esos mismos que hace tanto no encuentras, de los que hace tanto no siento. 
No se te ocurre cuánta falta me haces...
Tu brazo sobre mi cuerpo, tus brazos a mi alrededor, mis brazos al rededor tuyo.  Un simple roce de pies helados, los tuyos o los míos, que luego sencillamente no son ni tuyos ni míos sino los de ambos. Un acostarme a tu lado y que te acuestes al mío, para estallar de emoción y demostrarte lo mucho que me apasionas y lo mucho que te inspiro, para poder dormirme contigo y tu conmigo, y despertarme luego para completar mi felicidad al darme cuenta que no había sido un sueño.  
No comprendes cuánta falta me haces...
Tus guiños, la canción que me cantas, la canción que pareciera haberla imaginado pensando en ti y que alguien me la robó de la mente. Tu temperamento, tus discusiones, tus disgustos... Y los míos también; Nada que uno de esos besos, que pocos como tú y yo juntitos conocemos, no puedan disolver.
De verdad que no sabes, no logras imaginar, no entiendes, no se te ocurre y no alcanzas a comprender cuánta pero cuánta falta me haces...!  ¿Sabes por qué? Porque aún no te conozco, porque tal vez existas pero no te conozco y eso es como si no existieras. Y si no existes no puedes saberlo, ni imaginártelo, ni entenderlo ni ocurrírsete nadita nadita de esto. 
Pero... de veras que no sabes cuánta falta me hace que existas... O bueno, cuánta falta me hace conocerte.