jueves, 23 de agosto de 2012



¿POEMA O POESÍA?
By: Ricardo González.

BESAR AL ALMA CON EL ALMA

Porque los besos son fáciles, pero también difíciles. Porque un beso que se da con la boca es fácil de dar y más fácil de sentir, más fácil de recibir. Pero un beso dado con el alma es, a más de exótico, difícil de entregar, difícil de recibir, y una sorpresa casi inverosímil de sentir,  sobretodo si es en los labios, no en los del rostro sino en los del alma, sobretodo si es ahora, sobretodo si se trata más de sentir y de vivir con esa misma alma que de carencia de esos mismos besos se apaga, y que de aquellos otros besos ya cansada y empalagada está. Pero bueno, solo es un beso... Y dizque un besito no se le niega a nadie.



By: Jezsi Gc
La diferencia parece sutil. Tal vez la línea entre los besos y las caricias del alma sea tan delgada que a veces olvidamos dar un paso atrás para comprender que besar lo hace cualquiera y que aprender a hacerlo es  frágilmente sencillo, pero que rosar con labios y acariciarle el alma, al alma, sólo es posible cuando se aprende a sentir con pasión y a dar un paso adelante para comprender un arte que muchos piensan conocer pero que muy pocos saben hacer. Cuando se descubren los detalles más sencillos - en la profundidad de un sentimiento - con los ojos cerrados, ahí es cuando se aprende a acariciar un alma ajena. Cuando se aprende a vivir, porque besar sin sentir no es vivir.

viernes, 17 de agosto de 2012


                                                                                                       

Pero ¿ qué se había logrado con este experimento aparentemente atroz, sino sólo atormentar y precipitar la  vida?
Las respuestas valen mucho más que eso. Los humanos como siempre acostumbrados a ver la espina antes que el color de la rosa....



- Señor... ¿usted está loco? -

- Pues, he aprendido a sonreír cuando debería llorar. A llorar cuando la alegría me rebosa y no me cabe en el pecho.  A gritar cuando debería guardar silencio y a estar solo cuando me haría bien un poco de compañía. Pero no, no señor. Creo que no es estar loco, creo que más bien estoy vivo.

 -Señor... ¿me enseña a ser loco?-



viernes, 3 de agosto de 2012


UN RECUERDO QUE SABE A VINO

Aquella noche debía volverse a entregar a cambio del sucio dinero. Se desnudó frente a mí pero quede inmóvil no sé si ante su espléndida belleza o ante la lentitud con la que el tiempo pasaba. Era imposible que sin conocerme, estuviera ofreciéndome lo mejor de ella. Tal vez, de repente, nuestras miradas se encontraron; la besé con los ojos y ella me desnudo con su cálida mirada.
Era yo quien exigía, ahora, que ese seductor silencio que nos había atrapado jamás terminara. Le susurre entre lágrimas  que quería amarla de otra manera, que quería que fuera mía esa noche, esa vida. La tome por la espalda, le di un último beso apasionado en el cuello y suavemente le subí la cremallera al vestido rojo que llevaba puesto. Le ofrecí un vino y brinde por ella y por esa noche. Estoy seguro que esa no era la mejor manera de amarla, se merecía mucho más, sin embargo mi única prueba de amor sincero hacia ella era que esa noche hiciéramos de todo, menos el amor. No merecía que otro tipo viniese a alucinar con su cuerpo como si fuera un carro de colección. Yo…yo no sé hasta qué punto la merecía. Sus labios me habían rozado el cuerpo y con ello el alma, pero me bastaba porque estaba siendo feliz teniéndola en frente mío, así: preciosa, sin maquillaje, con un carmesí sutil en sus labios y con un vestido rojo tan decente como lo era ella misma.
Cómo nunca antes lo había hecho, le prometí que al día siguiente intentaría olvidar su nombre y le hice jurarme que ella olvidaría el mío. No nos necesitábamos, no había sido una noche de sexo pero había sido una noche de amor. El vino que sus labios habían probado esa noche y por el cuál jamás le había hecho el amor, sería el recuerdo eterno y nostálgico de ese encuentro tan furtivo pero tan fantástico que el destino nos había permitido
tener.

Mi recuerdo, al igual que el suyo, tendrían ahora un sabor a vino mortal.

    Éxtasis

No tenía remedio, su vicio era incurable. Para él, el mundo era increíble cuando se sumía en su inexplicable  delirio y su alma empezaba a volar tocando el cielo con las manos. Las lágrimas ahora eran de pasión y la droga y la vida le empezaba a mostrar su lado seductor. Todo lo había perdido a cambio de ganarse la cercanía al paraíso. Su vicio, el más osado de todos, era sentir el éxtasis de ser escritor.


BAMBÚS CHINOS





Nací, quizás como muchos, pensando que la vida sería fácil. Ya lo entendí, sé que  dieciocho  no son muchos años para experimentar la vida pero con seguridad sé que he tratado de bajarme de esa nube en la que ingenuamente nos subimos para experimentar una felicidad efímera.
 Siempre he amado las letras. Escribir tal vez sea mi mayor pasión y sin duda alguna es el toque que le imprime fuerza y vigor a mi vida. Aun siendo de pocos metros y de una imaginación corta y en parte ingenua he decidido que mi vida tome un rumbo: Escribir.
He comenzado quizás hace unos 10 años. He intentado sumergirme en ese mágico infierno que nos quema el alma y nos hace llorar de temor, de alegría, de ansiedad.  Y con el paso del tiempo, he ido acostumbrándome a caer y volver a caer.
"La vida es fácil": que gran mentira! Nunca será fácil y si lo fuera preferiría morir. Ya no me importa caerme, es más, lo disfruto porque ahora entiendo que la  mirada siempre debe permanecer al frente a pesar de que las piedras se encuentren en el suelo.
Cuánto desearíamos que los frutos de un sueño se nos presentaran con insólita  rapidez. Bueno, eso quisiera yo.
De pronto, un día vacío me otorgan un tesoro: El Aleph
Es como una paradoja, pero jamás me había gustado leer, tal vez porque nunca podía sumergirme en el infinito de los sueños. Tal vez porque jamás me había permitido experimentar la hermosura de vivir otra vida a través de las letras. Pero entonces, ese día vacío me regalaron sin saberlo uno de los tesoros más preciados.
No hay nada que me emocione y me haga sentir más feliz que tener una pluma en la mano, una hoja en blanco y una cantidad de sueños para volverlos arte a través de la mejor de las magias; escribir. Pero nunca resultó. Nunca.
Hice mil intentos pero ni siquiera me sentía a gusto con lo que yo hacía. Solo unos pequeños triunfos, pero es que la ignorancia humana rara vez nos deja comprender que todo árbol frondoso alguna vez fue arbusto, que todo gran hombre también alguna vez fue niño.
Por esos días me atreví a sumergirme en "El Aleph". Que buena decisión.
Tal vez no en este momento se den los frutos. Aprendí a esperar, con paciencia y más con respeto. Las cosas siempre llegan a su debido tiempo. Soy libre y quiero seguir volando, pero la vida no se mide así. Entendí que esa frase con la que soñábamos de niños es tan solo una utopía que devalúa la vida. Entendí también que una vida sin retos y sin desafíos es una vida muerta. Y lo más importante: aprendí a querer lo que hago, lo que sé hacer, aprendí a COMPROMETERME para alimentar el alma y nutrir el corazón. No quiero crecer tan solo 25 metros como el bambú chino, la vida está hecha para más.
Por último doy gracias a la vida, a  Dios y a lo que el destino me ha otorgado. Escribir es la mayor y más hermosa tormenta en la que me gusta naufragar, es un don con el que siempre me sentiré identificada aun cuando sea tan general. Gracias a todos aquellos que recorren conmigo este infinito caminar, creo que necesitamos de los demás para concluir nuestro último fin: Ser felices, aun si ya lo tenemos todo.



POEMA 20 - PABLO NERUDA


Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.» 

El viento de la noche gira en el cielo y canta. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Yo la quise, y a veces ella también me quiso. 

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. 
La besé tantas veces bajo el cielo infinito. 

Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. 

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. 

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
La noche está estrellada y ella no está conmigo. 

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Como para acercarla mi mirada la busca. 
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. 

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. 
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. 
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. 

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. 
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. 
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. 

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, 
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.