BAMBÚS
CHINOS
Nací,
quizás como muchos, pensando que la vida sería fácil. Ya lo entendí, sé
que dieciocho no son muchos años para experimentar la vida pero con
seguridad sé que he tratado de bajarme de esa nube en la que ingenuamente nos
subimos para experimentar una felicidad efímera.
Siempre he amado las letras. Escribir tal vez sea mi mayor pasión y sin
duda alguna es el toque que le imprime fuerza y vigor a mi vida. Aun siendo de
pocos metros y de una imaginación corta y en parte ingenua he decidido que mi
vida tome un rumbo: Escribir.
He comenzado quizás hace unos 10 años. He intentado sumergirme en ese mágico
infierno que nos quema el alma y nos hace llorar de temor, de alegría, de
ansiedad. Y con el paso del tiempo, he ido acostumbrándome a caer y
volver a caer.
"La vida es fácil": que gran mentira! Nunca será fácil y si lo fuera
preferiría morir. Ya no me importa caerme, es más, lo disfruto porque ahora
entiendo que la mirada siempre debe permanecer al frente a pesar de que
las piedras se encuentren en el suelo.
Cuánto desearíamos que los frutos de un sueño se nos presentaran con
insólita rapidez. Bueno, eso quisiera yo.
De pronto, un día vacío me otorgan un tesoro: El Aleph
Es como una paradoja, pero jamás me había gustado leer, tal vez porque nunca
podía sumergirme en el infinito de los sueños. Tal vez porque jamás me había
permitido experimentar la hermosura de vivir otra vida a través de las letras.
Pero entonces, ese día vacío me regalaron sin saberlo uno de los tesoros más
preciados.
No hay nada que me emocione y me haga sentir más feliz que tener una pluma en
la mano, una hoja en blanco y una cantidad de sueños para volverlos arte a
través de la mejor de las magias; escribir. Pero nunca resultó. Nunca.
Hice mil intentos pero ni siquiera me sentía a gusto con lo que yo hacía. Solo
unos pequeños triunfos, pero es que la ignorancia humana rara vez nos deja
comprender que todo árbol frondoso alguna vez fue arbusto, que todo gran hombre
también alguna vez fue niño.
Por esos días me atreví a sumergirme en "El Aleph". Que buena
decisión.
Tal vez no en este momento se den los frutos. Aprendí a esperar, con paciencia
y más con respeto. Las cosas siempre llegan a su debido tiempo. Soy libre y
quiero seguir volando, pero la vida no se mide así. Entendí que esa frase con
la que soñábamos de niños es tan solo una utopía que devalúa la vida. Entendí
también que una vida sin retos y sin desafíos es una vida muerta. Y lo más
importante: aprendí a querer lo que hago, lo que sé hacer, aprendí a
COMPROMETERME para alimentar el alma y nutrir el corazón. No quiero crecer tan
solo 25 metros como el bambú chino, la vida está hecha para más.
Por último doy gracias a la vida, a Dios y a lo que el destino me ha
otorgado. Escribir es la mayor y más hermosa tormenta en la que me gusta
naufragar, es un don con el que siempre me sentiré identificada aun cuando sea
tan general. Gracias a todos aquellos que recorren conmigo este infinito
caminar, creo que necesitamos de los demás para concluir nuestro último fin:
Ser felices, aun si ya lo tenemos todo.
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